Artículo publicado originalmente en Observatorio Nuevos medios. Puedes consultar la publicación pulsando aquí.

La irrupción de internet, los efectos de la crisis y otros muchos factores han cambiado por completo el panorama de los medios de comunicación. Las nuevas tecnologías han permitido una nueva eclosión de nuevos proyectos. Los periodistas que hoy salen de las facultades saben que, en un alto porcentaje, su futuro profesional pasa por las iniciativas que como emprendedor pueda poner en marcha, más que en el hasta hace poco habitual destino de profesional por cuenta ajena en un medio tradicional.

En relación a las nuevas competencias que el periodista se ve obligado a adquirir, varios profesores han editado la obra ‘Empresa Informativa XXI. Planificación estratégica’, en la que se aborda todo lo relacionado con la propuesta de valor de un nuevo proyecto empresarial dedicado a la información. Los autores son Javier Galán, de la Universidad Carlos III de Madrid, como coordinador, Guadalupe Aguado, también de la Carlos III, Juan Luis Manfredi, de la Universidad de Castilla-La Mancha, y Francisco Javier Caro, de la Universidad de Sevilla, con quien hemos hablado sobre la obra, sobre la situación actual del periodismo y de los medios, y sobre las competencias que todo aspirante a periodista debe de poseer para adaptarse al sistema mediático actual.

¿Cuánto de necesario es este libro en la actual situación por la que pasa el periodismo, tanto profesional como académicamente?

Empresa Informativa XXI, es un libro que actualiza y organiza el conocimiento y la práctica en torno a la administración de las empresas periodísticas. En el contexto de cambio del sector, los empresarios actuales y los periodistas que han decidido crear sus propios medios, necesitan directrices fundamentadas en el conocimiento académico que les ayuden a tomar decisiones acerca de sus proyectos. El libro aborda aspectos novedosos de la gestión de la empresa informativa como el conocimiento de las audiencias y anunciantes, la comercialización del servicio informativo, la gestión de las personas… todo ello con una perspectiva estratégica que contempla el actual contexto de crisis y las opciones de futuro en el sector.

¿Hasta qué punto está implantada la formación de este libro en los planes educativos de las Facultades de Periodismo de este país?

Lamentablemente en algunas facultades todavía no se le presta la importancia que tiene esta formación para los periodistas. Se puede observar como a nivel institucional, las universidades desarrollan programas de formación e incentivación del emprendimiento, pero sin embargo, en los planes de estudios específicos (de periodismo) no ha calado la importancia de la formación empresarial en los periodistas. La formación en el mundo de la empresa contribuye a que los futuros periodistas sean conscientes de la dimensión empresarial de la actividad periodística y de la relevancia que del resto de las actividades funcionales para el éxito de un medio de comunicación (marketing, administración, financiación, organización, etc.). Un buen equipo de periodistas no es suficiente para generar un servicio informativo de calidad con capacidad de responder a las necesidades de las audiencias y anunciantes. Considero que en los planes de estudio debería haber mayor presencia de estos contenidos. Desde la profesión cada día se le presta más atención a la innovación y a los modelos de negocio. Paradójicamente tan solo existe una asignatura de 6 créditos de carácter optativo que se ocupe del emprendimiento y la empresa periodística. Lo curioso es que, en los planes antiguos, cuando la importancia de la formación empresarial era menor, la asignatura era obligatoria. En este sentido “Empresa Informativa XXI” recoge asuntos fundamentales para la comprensión del sector y de los modelos de negocio existentes y emergentes.

De los medios de masas hemos pasado a la masa de medios. ¿Hay que ver la botella medio vacía pensando que estamos en una época de saturación informativa o verla medio llena pensando que estamos mejor informados que nunca?

A mi me gustan las botellas medio llenas, se disfrutan más. En las medio vacías estás sufriendo porque se acaba. Desde el punto de vista de las audiencias estamos en una situación privilegiada, hay acceso a multitud de medios que responden a necesidades informativas concretas con profundidad y formatos novedosos y atractivos. Como lectores tenemos la posibilidad de contrastar las noticias, de profundizar en ellas, compartirlas, comentarlas… Se abre un mundo de opciones que enriquecen el proceso de adquisición de información. Sin embargo, creo que el lector todavía está un poco despistado en esta vorágine y necesita aprender a distinguir entre las fuentes informativas relevantes (de referencia) y el ruido generado por multitud de clonadores de noticias y de generadores de información superficial, manipulada o directamente falsa. Creo que hay que prestar más atención a la educación en el consumo de los medios en los públicos jóvenes para evitar la llamada “infoxicación”. En definitiva, podríamos estar mejor informados, pero en esta situación de cambio y de explosión informativa todavía no se ha despejado suficiente el humo como para distinguir el grano de la paja. También tienen que consolidarse los proyectos informativos de calidad.

Por tal saturación de oferta informativa, últimamente la tendencia en nuestro país son los acuerdos o colaboraciones entre medios o grupos digitales para unificar esfuerzos y generar tráfico conjunto para determinadas comunidades. ¿Por ahí pasa el futuro más cercano, a la espera de la estabilización y sostenibilidad del mercado?

Pues sí. La cooperación entre empresas del sector suele ser positiva. Se obtienen sinergias que dan robustez a los proyectos periodísticos, facilita el aprendizaje y ayuda a reducir los costes. Las uniones simbióticas son muy interesantes. Las alianzas estratégicas deben extenderse también a los pequeños emprendedores que si se unen pueden conseguir acuerdos beneficiosos para la comercialización de la publicidad, compartir recursos o llevar a cabo proyectos periodísticos de envergadura que solos no pueden afrontar. Sin embargo, hay que prestar atención a nuevas formas de gobernanza que eviten que esas alianzas reduzcan la pluralidad y se impongan los criterios puramente económicos al servicio informativo. Tal y como plantea Julia Cagé, es necesario buscar fórmulas de propiedad y de toma de decisiones que eviten la intromisión del capital en la misión de las empresas.

El periodista que hoy concluye su formación universitaria, ¿puede seguir confiando en la búsqueda de un empleo en un medio de comunicación de los llamados tradicionales? ¿O cada vez será más improbable encontrar ahí una futura salida profesional?

La necesidad de información es consustancial al ser humano. Necesitamos estar informados para reducir la incertidumbre frente a nuestro entorno. En este sentido siempre necesitaremos empresas que satisfagan esta necesidad básica. Los medios tradicionales se transformarán, pero seguirán existiendo y creando empleo en el sector. En este sentido soy optimista y creo que habrá empresas informativas fuertes, con un volumen de trabajo y facturación suficiente para generar puestos de trabajo de calidad para los profesionales. Pero al mismo tiempo estas empresas convivirán con las pequeñas, con empresas innovadoras que continuamente descubrirán oportunidades en el mercado inspirándose en las innovaciones tecnológicas o en los cambios de expectativas de las audiencias y anunciantes.

¿En qué medida se puede favorecer el terreno para que profesionales del periodismo pierdan el miedo a la hora de dar el paso de emprender su propio negocio? ¿Tendrían que plantearse desde los organismos y entidades públicas algún tipo de ayudas o subvenciones especiales, tratándose de un sector tan fundamental para la pervivencia de todo sistema democrático?

Lo primero es la formación. Hay que despertar el espíritu emprendedor en los jóvenes periodistas. No se trata tanto de formación técnica sobre cómo montar un negocio (que es muy importante), como de despertar la inquietud en el periodista por la innovación, por hacer las cosas de forma diferentes a como siempre se han hecho o a cómo se le ha enseñado en las facultades. Yo siempre les digo a mis alumnos que les estoy enseñando el pasado y un poquito del presente, pero que a lo que se van a enfrentar cuando salgan al mercado de trabajo va a ser otra cosa que desde las aulas solo podemos intuir. El bagaje formativo es básico, sin la base no puedes interpretar ni asimilar lo nuevo, pero la realidad del mercado exigen esa actitud emprendedora e intraemprendedora (emprender dentro de una organización) y de aprendizaje continuo.

Las ayudas y subvenciones complementan, y en determinados casos favorecen la igualdad de oportunidades entre los egresados. No es lo mismo proceder de una familia con posibles y ahorros, que de una familia de clase media baja sin posibilidad de apoyar al emprendedor, al igual que no tienen las mismas oportunidades los hombres que las mujeres.

En cualquier caso, los proyectos periodísticos tienen que crearse partiendo de una idea que sea sostenible por sí misma, con capacidad para ser rentable sin la necesidad de recursos externos. Éstos pueden ser interesantes en las fases iniciales del proyecto pero luego tiene que caminar por sí solo.

Generalmente, a la hora de poner en marcha un proyecto solemos asociarnos con amigos o semejantes que tienen nuestra misma formación y nuestra misma visión del proyecto. ¿Son conscientes los futuros emprendedores de la importancia de incorporar perfiles que incorporen nuevas competencias profesionales que nada tienen que ver con la del periodista?

Los negocios periodísticos actuales son complejos. En ellos intervienen multitud de perspectivas diferentes: marketing, programación, big data, gestión… El periodista tiene que dedicarse a la parte informativa del negocio y asociarse con otras personas especialistas que cubran las otras áreas funcionales. Ahora bien, el periodista tiene que saber un poco de cada una de esas funciones para poder establecer conexiones con el informático, el publicista o el contable. Los proyectos periodísticos tienen que contemplar todas las áreas y ser coherentes en todas sus dimensiones. Lo lógico es que sea el periodista el que detecta la oportunidad de negocio y para desarrollar el proyecto se asocie con otros profesionales, pero para que la cosa funcione tiene que tener nociones del conjunto de la organización. Empresa Informativa XXI responde a esta necesidad, con una perspectiva estratégica (holística, contextual y a largo plazo) aborda e interrelaciona las diferentes áreas funcionales de las organizaciones periodísticas, con este conocimiento el emprendedor lo tiene más fácil para establecer vínculos con otros profesionales y entender su importancia en el negocio y su lenguaje.

El consumo hoy es, más que nunca, digital y móvil. ¿Qué factores o características claves, en cuanto a formatos, soportes y ámbito de actuación, debe de tener un nuevo proyecto informativo emprendedor?

Las propuestas de valor de los proyectos periodísticos pueden ser de diferente naturaleza (novedad, distribución, comercialización, personalización, cocreación, etc.) y en función de esa propuesta los formatos pueden ser un elemento de diferenciación. En este sentido, el soporte puede constituir el elemento que aporta valor a la audiencia o al anunciante. Pero creo que la definición de la misión del proyecto periodístico debería residir más en la necesidad que se satisface, en la esencia del servicio informativo que en los soportes. Con este planteamiento el proyecto periodístico se garantiza una mayor perdurabilidad al no depender del soporte, la cuestión es informar a un grupo de personas independientemente de que aparezcan o desaparezcan formatos, soportes o dispositivos nuevos. En general, podríamos hablar de proyectos multiplataforma y con capacidad de interactuar con las audiencias.

¿Qué ejemplos de proyectos puestos en marcha por periodistas actualmente vigentes en nuestro país servirían como ejemplo y modelo a la hora de poner en marcha una nueva iniciativa?

Sin lugar a dudas, el proyecto con más éxito e impacto es el del diario.es. Fue una propuesta innovadora y arriesgada en un momento donde había pocas pistas sobre como desarrollar un medio de comunicación digital y lo han hecho y están haciendo muy bien. El diario.es es un modelo de negocio solido y con capacidad de adaptación a los entornos cambiantes.

Decía recientemente Martin Baron, en su visita a España, que la actual es la generación de jóvenes periodistas más preparada y con más oportunidades, y que tienen una oportunidad histórica de reinventar el periodismo. Pero, quizá, uno de los problemas principales puede ser la poca autocrítica ejercida por los ciudadanos ante la información que reciben de los medios y lo poco que se valora la información de calidad, de servicio público, debidamente contrastada y eficazmente estructurada. ¿Hay razones para ser optimistas? ¿No dependemos en exceso de la educación que reciban las futuras generaciones a la hora de hacer un uso responsable de los medios y de exigir los derechos pertinentes en cuanto a la función social que éstos deben de cumplir?

La educación en el consumo de medios es clave. Son las audiencias las que deben hacer la criba en la calidad de los medios. Ya ha pasado la época de orientación al producto en la que el periodista decidía lo que era una información de calidad. La calidad está en manos de las audiencias y un servicio informativo será de calidad en la medida que satisfaga las expectativas de sus lectores. Hay que educar a los jóvenes en el consumos de los medios y las instituciones educativas tienen que seguir trabajando en esa línea. Sin embargo, no creo que el problema este siempre fuera, la posición de víctima de muchos medios en esta situación de crisis es paralizante. Los nuevos modelos de negocio tienen que ser protagonistas de su futuro. El entorno ha cambiado y la empresa informativa tiene que cambiar con él y eso afecta a lo que tradicionalmente se ha venido haciendo. Hay que replantearse las estructuras organizativas, el servicio informativo, las formas de financiación y comercialización, etc. Las empresas informativas del siglo XXI tienen que desarrollar una actitud de cambio continuo, el infinitivo “cambiar” tiene que ser sustituido por el gerundio “cambiando” en el discurso de los directivos y profesionales del sector. Lo único que tiene que ser permanente es el buen periodismo, un periodismo con capacidad de contar lo que ocurre a sus públicos y los ayude a tomar decisiones en su día a día. Se necesitan empresas informativas con una enfoque de servicio a la sociedad claro, pero al mismo tiempo preocupadas por la sostenibilidad económica de sus proyectos.



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