Artículo realizado y originalmente publicado en el Laboratorio de Periodismo Innovador de la Fundación Gabo. Se puede consultar aquí.

Cámara y acreditación de guerra de un periodista en Ucrania. Foto: Miguel de la Fuente

Cámara y acreditación de guerra de un periodista en Ucrania. Foto: Miguel de la Fuente


Desde el punto de vista informativo, la guerra en Ucrania quedará en la memoria colectiva por algunas características propias que la definen y distinguen de otros conflictos bélicos: propaganda, tecnología, redes sociales, retransmisión en directo por TikTok de ciudadanos ucranianos, desinformación y verificación de la información, la contextualización de los mapas o el uso de nuevas narrativas y formatos para informar a los lectores. Todo ello se contaba en el artículo publicado hace unos días

Para conocer qué ha cambiado, desde la rutina periodística, con respecto a otras guerras, cuáles son las novedades hoy para una cobertura de tales dimensiones, cómo ha variado la tarea del corresponsal de guerra o cómo se combate la desinformación y propaganda desde el terreno se ha contactado con más de una decena de fuentes y testimonios directos, entre periodistas y enviados especiales que están cubriendo la guerra, expertos internacionales, verificadores y corresponsales de larga experiencia. Estas son, de primera mano, algunas claves de cómo se informa de una guerra en pleno siglo XXI.

La diferencia con otras guerras

De la importancia informativa adquirida por una red social como TikTok habla Urbano García,  director de Innovación de RTVE. “En las primeras 24 horas de la invasión, teníamos más información a través de Tik Tok que en la primera semana de la Guerra de Irak. Esto obliga a un incremento en nuestras labores de filtrado, cribado y verificación de la procedencia de las imágenes al comprobar cómo ha sido la evolución de una red creada para la diversión, como Tik Tok, hacia una plataforma de contenidos informativos”.

David Jiménez, escritor y periodista con experiencia en múltiples zonas de conflicto, ex director de El Mundo y que recientemente ha publicado ‘El corresponsal’, destaca la masificación y apuesta por la cantidad, en detrimento de la calidad. “Ahora las coberturas están mucho más concurridas. Hay muchos más reporteros sobre el terreno, como consecuencia de la proliferación de medios digitales y canales de TV. Las coberturas bélicas solían ser cosa de unos pocos. Y luego está la rapidez y la cantidad, que se han impuesto a la calidad. Hay un deseo de alimentar la cobertura a todas horas, de forma inmediata, cuando antes se buscaba más profundidad porque las dinámicas de actualidad iban a un ritmo más lento”.

Miguel de la Fuente es corresponsal desde hace más de 30 años en RTVE y nos atiende, vía telefónica, desde Ucrania, en plena guerra. Percibe un cambio radical desde sus comienzos con la guerra del Golfo donde “llegábamos con dos maletones, sacabas una parábola, buscabas el satélite, y dejando el teléfono calentar podías hacer una llamada a los 45 minutos. Hoy, todos tenemos móviles, desde donde podemos hacer informaciones válidas para emitir por radio, televisión, fotos para prensa, etc”. Y la importancia de los ciudadanos con los mismos dispositivos. “Hoy tenemos a la gente que graban lo que pasa y nosotros podemos ir viéndolo en directo. Además Ucrania tiene prácticamente cobertura 4G en todo el país, por lo que se pueden hacer directos desde cualquier lugar”.

Esa continua recepción de información hace que el periodista tenga que moverse de un lado a otro de la ciudad. “Te quita tiempo posible de reportajear y lo inviertes en hacer directos porque es lo que te piden y se demanda”.

A lo largo de más de veinte años de experiencia, Mónica García Prieto ha cubierto conflictos como los de Chechenia, Georgia, Macedonia, Afganistán, Irak, Siria o El Líbano. Hoy cubre la guerra desde Ucrania para ABC y Revista 5W. Coincide con la masificación a la que hacía referencia Jiménez. “Antes los conflictos estaban limitados a medios capaces de pagar una cobertura de estas características, pero el hecho de que Ucrania esté en Europa y que sea un país relativamente barato para los estándares europeos ha atraído a muchos freelance”. Y añade un cambio sustancial, derivado de la presencia continua en redes y medios. “Si estás en los medios o en las redes todo el tiempo, no tienes tiempo de trabajar”.

Patricia Simón también tiene experiencia como corresponsal y enviada especial para varios conflictos. Ha estado en el Líbano en 2007, en la guerra de Palestina e Israel, y en numerosas coberturas en Colombia desde 2007. En esta ocasión cubre la guerra de Ucrania para Univisión y La Marea. En su opinión, el principal cambio respecto a épocas pasadas es que Ucrania “ha dejado al descubierto, una vez más, la fragilidad de las redacciones de los medios que, en muchos casos, dependen de los freelance para cubrirla”.

Antonio Pita también está en Ucrania, contando la guerra para El País. “La principal novedad son las herramientas de verificación de imágenes y la apuesta cada vez mayor por temas de contexto y narrativas visuales. Luego sobre el terreno eso se nota menos. La forma de reportajear es similar: ir, ver, escuchar y contarlo con un hilo conductor y sin barroquismos” y destaca la parte positiva de la generalización de las redes y dispositivos móviles por parte de los ciudadanos. “Para mí tiene mucho más de positivo que de negativo el hecho de que, si bombardean una estación de tren a cientos de kilómetros de donde estás, haya imágenes grabadas por ciudadanos con sus móviles. Los periodistas no tenemos el don de la ubicuidad y esos vídeos, fotos, etc. han cambiado la ecuación informativa”.

Con experiencia de más de diez años como corresponsal y delegada en Jerusalén y territorios palestinos, Sara Gómez Armas, quien cubre la guerra en Ucrania para la agencia EFE, destaca la relación entre redes sociales y propaganda. “Es una tendencia que se confirma y consolida, ya vista en guerras recientes como Siria. Los propios soldados, los voluntarios, los ciudadanos en la zonas afectadas, tienen móvil con acceso a internet, y documentan en tiempo real lo que está viviendo. Esto a priori puede ser un testimonio muy valioso, pero es muy difícil para el periodista poder verificar el contenido y la fuente al ritmo al que fluyen esas imágenes”. 

Esto implica una evidencia: es cada vez más complicado para los medios ser los primeros en contar algo, ya que ahora tenemos a soldados o ciudadanos que lo están contando con sus dispositivos. “Nuestra misión en esta guerra es ir a los lugares, pisar el terreno, hablar con la gente y contar con honestidad lo que uno ve. Ellos son el mejor testimonio de qué es una guerra, más allá de los partes de guerra o los recuentos de muertos”, dice Gómez Armas.

Eduardo Saldaña, codirector de El Orden Mundial, nativo de referencia en información internacional, destaca el papel de las fuentes abiertas para la éxito de coberturas como la de su medio. “Al tener acceso a tantísima información en redes ha sido posible saber con bastante exactitud cómo estaba yendo la ofensiva, aunque también haya generado una cantidad de información enorme y de infoxicación. Esa cantidad de información abierta y de minuto a minuto ha hecho que muchas personas también necesiten espacios como el nuestro donde encontrar contexto y análisis”.

Los verificadores también expresan cambios sustanciales en la guerra de Ucrania. Verifica es la unidad de control y verificación de RTVE. Para Blanca Bayo, la novedad principal reside en que no teníamos experiencias de este tipo en Europa. “No es la primera guerra que se cuenta en redes sociales. Siria fue ya la ‘guerra de YouTube’. Pero sí es la primera vez que todo eso ocurre en Europa, que no había vivido un conflicto bélico con una población de nativos digitales. En la última guerra en Europa, los Balcanes, no existía esa actividad y mentalidad digital”.

Todo lo relacionado con la propaganda y la censura representa, en su opinión, el otro gran cambio significativo. “Es la primera vez que se censura a medios de comunicación como emisores propagandísticos. La Unión Europea y Estados Unidos han prohibido a RT o Sputnik, y Rusia ha llegado incluso más lejos prohibiendo plataformas como Facebook o Twitter y aprobando incluso una enmienda para convertir en crimen lo que las autoridades consideren contenido falso”.

Al igual que lo indicado por Eduardo Saldaña, para Carlos Hernández, responsable de Políticas Públicas y desarrollo institucional de Maldita.es, la Inteligencia de Fuentes Abiertas es lo que ha marcado esta guerra. “Para todos los medios esta guerra es la de la explosión del open source information (OSINT). Se han usado para contar muy buenas historias, usos de geolocalización, imágenes de satélite… ha hecho construir unas narrativas más eficientes, además de formatos interactivos y relatos inmersivos”.

Cómo ha variado el trabajo del corresponsal de guerra

Los dispositivos móviles han cambiado por completo la rutina de trabajo de los corresponsales de guerra. “El móvil y las redes sociales se han convertido en la principal fuente de información, lo que obliga a las redacciones a tener gente casi las 24 horas monitoreando y verificando. A diferencia de otras guerras, la prensa nos hemos dedicado a contar qué pasaba en lugares que eran la retaguardia o a donde llegaban refugiados. O después de la salida de las tropas rusas de Kiev, contando cómo estaban esos lugares y qué habían dejado los rusos. Pero no ha habido información fiable de qué sucede en el frente de batalla, no hay prensa empotrada con las tropas”, señala Sara Gómez, de EFE.

En contra de la utilidad de las redes se posiciona Mónica García. “No creo en las redes como medio informativo, sino como herramienta comunicativa. Creo que hay que diferenciar entre ambas cosas. Un post en una red social no puede dar el contexto ni analizar las implicaciones de la noticia. Y en eso consiste la información y nuestro trabajo, en contextualizar e interpretar”.

Al respecto de adaptarse a los tiempos actuales de los móviles a la hora de informar, Patricia Simón cree que “la era digital te permite saber contar las historias para distintos formatos: muy breve para las redes sociales y algunas páginas webs, resúmenes de los últimos acontecimientos para los directos con las televisiones y, si tienes suerte como es mi caso, reportajes en profundidad como los que estoy publicando en La Marea y Univisión”. 

Para Urbano García, un cambio sustancial es el perfil 360 al que se tienen que adaptar los periodistas. “Hemos visto a Fran Sevilla, enviado por Radio Nacional de España, ofrecernos con su teléfono móvil algunas de las imágenes más conmovedoras de la guerra. Un enviado especial sabe que tiene que estar en disposición de ofrecer audio, imagen, texto escrito, etc. Miguel de la Fuente, histórico reportero curtido en múltiples conflictos bélicos, nos cuenta en su twitter personal de la situación en cada ciudad y de su vida diaria allí”.

La lucha contra la desinformación por parte de los corresponsales

“Al principio era más fácil porque la guerra empieza desde un bando”, destaca el propio Miguel de la Fuente. “Ucrania ha sido invadida por otro país. ¿Cómo la combatimos? Localizando a gente que informa por distintas redes sociales, con la red de traductores… hoy dispones de una gran red de comunicaciones que te ayuda a valorar la veracidad de lo que te llega”, 

Mónica García es más partidaria del trabajo y rigor de toda la vida asociada al periodismo. “Yendo al terreno y mirando con tus propios ojos. Aplicando sentido común, cuestionando la retórica oficial y haciéndote las preguntas adecuadas suelen ser suficientes para combatir la desinformación”.

Complementario a ese trabajo de rigor, el contexto y la aportación de otras voces termina siendo un plus para no caer en la información interesada. “Para los hechos, además de investigarlos sobre el terreno, es importante el contexto y el conocimiento que me pueden aportar otras fuentes expertas ya que la propaganda es cada vez más sofisticada y potente”, añade Patricia Simón.

Para Antonio Pita, no es una cuestión que le afecte en su trabajo de cobertura de la guerra. “No busco combatir la desinformación, trato de no ser su víctima y contar yo que lo pueda o a lo que llegue. No siento que tenga una misión en ese sentido. Cuando estoy en el terreno me aplico el clásico de ‘Si no estás seguro de que es así, no lo pongas’”.

¿Es labor del sólo del corresponsal en el terreno o de toda la redacción? Dicha cuestión plantea Sara Gómez. “Realmente es una labor que se debe hacer desde las redacciones, y no tanto el corresponsal sobre el terreno, que debe estar en el lugar donde ocurren las cosas y contar lo que ve. Yo personalmente, antes de ir, me metí en todos los grupos de Telegram que tenían que ver con Ucrania y la guerra para estar informada, pero a mitad de la cobertura, tuve que salirme de la mayoría porque lo único que hacían era contaminarme las ideas y abrumarme”.

Para Carlos Hernández, de Maldita, “el propio ambiente y contacto local te ayuda a combatir la desinformación. Hay que tener en cuenta que se trata de una zona muy accesible a la prensa en general, y está la noción de que veinte ojos ven más que dos, lo que disminuye la posibilidad de que se forme un engaño a gran escala”. En Maldita se colabora estrechamente con verificadores latinoamericanos y su contenido es ampliamente citado en medios de Latam.

Innovación informativa para contar una guerra

Juan Luis Manfredi es periodista, experto en Relaciones Internacionales y Diplomacia Pública. De su seguimiento de la guerra destaca que “lo más innovador es la información gráfica. Hoy más que nunca para contar una guerra es necesario contar con buenos diseños, mapas actualizados, tablas… y esto mejora conflicto tras conflicto. El periodismo visual ayuda a tener una mejor comprensión del conflicto. Y a su vez el auge del podcast permite una información periodística muy especializada y de alcance”.

Ese apartado visual a través de los mapas también lo destaca Eduardo Saldaña. “Para un medio especializado en la elaboración de mapas como el nuestro, ha sido fundamental”. También destaca la información aportada desde las redes y la posible dependencia de los medios, sobre todo los más pequeños, de ellas. “Se ha generado una dependencia de medios más pequeños de estas plataformas, lo que a la larga es contraproducente. Muchas personas han acudido a las redes en busca de información. El problema para los medios pequeños está en haber destinado demasiada atención a lo que pide la plataforma y haber descuidado los cimientos del medio”.

A la hora de destacar algo novedoso, desde el punto de vista de la información, David Jiménez destaca la labor de los freelance en esta guerra. “En Ucrania uno de los problemas es que hay mucha desigualdad: por una lado las grandes cadenas, con corresponsales veteranos y grandes medios, y por otro muchos freelance en precario que están cubriendo la guerra con un móvil. Algunos de estos últimos sorprenden porque, a pesar de ir por libre, están haciendo muy buen trabajo. Y medios digitales pequeños se han lanzado a esa cobertura, al verla como una oportunidad”.

De hecho, Jiménez ve como una gran oportunidad este mundo digital. “Internet logra acortar esa diferencia entre medios grandes y pequeños. Creo que estamos asistiendo al nacimiento de una nueva generación de reporteros que vienen directamente de ese ecosistema de medios digitales nativos, que trabajan con un móvil y buscan audiencias en las redes sociales. Y ahí, están demostrando ser más rápidos y controlar mejor el medio que otros más tradicionales”. 

3 claves del trabajo del corresponsal de guerra hoy:

  • En plena época digital de móviles y dispositivos hiperconectados, a los periodistas, también a quienes cubren una guerra sobre el terreno, se les pide un añadido extra: tareas multidisciplinares para contar por cualquier formato cualquier novedad, lo más actualizada posible
  • La de Ucrania también está siendo la guerra de los periodistas freelance. Una gran cantidad de periodistas que, por cuenta propia, se han trasladado hasta el lugar y que dan soporte a muchos medios digitales con menos recursos que los legacy media
  • La doble vertiente de las redes para el trabajo del periodista y su labor de verificación: la parte positiva, el estar continuamente informado a la hora de saber moverte hacia donde se está produciendo la noticia; la negativa, el valor que resta para el trabajo más tradicional del oficio: ver, preguntar, contextualizar y contar lo que pasa.
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